Puedo convertirme en un suspiro del reloj
En un capricho del viento o en una superstición
Del gato negro que merodea por la vereda.
Que las campanas de la iglesia repiquen con fuerza
Que los viejos recuerden sus tiempos felices
Que los niños dejen de volar para pensar en mañana
Puedo convertirme en la suave brisa que acaricia
Tus manos, que recorra tu espalda y provoque escalofríos
Que llegue a tus labios y ahí se quede por un instante
Que el reloj no valga,
Que la luna sea testigo
Que el colibrí juegue al mago
jueves, 18 de marzo de 2010
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